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Estados Unidos debe volver a involucrarse en el cambio climático

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Newton B. Jones, Intl. President

Retirada de París cede el liderazgo, aislará la nación

MIENTRAS EL ACUERDO climático de París tiene sus detractores (y hay preocupaciones legítimas) darle la espalda al movimiento global para limitar el cambio climático y mitigar sus efectos es un error de política nacional que debe ser corregido y pronto.

La decisión del presidente Trump de retirarse del acuerdo crea un vacío de liderazgo que será llenado por otros, principalmente China. Los Estados Unidos sufrirá una pérdida de influencia que podría ponernos en grave desventaja en áreas como la investigación conjunta y el desarrollo de nuevas tecnologías, incluyendo la captura, uso y almacenamiento de carbono (carbon capture, use and storage o CCUS por sus siglas en inglés). Los avances en estas tecnologías no sólo ofrecen la mejor esperanza para limitar el calentamiento global, sino que también ofrecen la promesa de impulsar las economías de las naciones que lideran el camino.

Una política de aislamiento afectará negativamente nuestra competitividad en el desarrollo tecnológico. Esto socavará los esfuerzos de investigadores universitarios, corporaciones y laboratorios gubernamentales de los Estados Unidos que incluso ahora colaboran en todo el mundo con otras naciones en una búsqueda para encontrar soluciones.

Ya hemos perdido la tecnología de punta en las centrales de carbón

ESTADOS UNIDOS YA ha cedido la tecnológica de punta en las avanzadas centrales eléctricas de carbón. Mientras la administración Obama se aseguraba de que no se pudieran construir nuevas plantas de carbón en Estados Unidos; China, Japón y otras naciones progresaban con la tecnología ultra-supercrítica avanzada. También conocido como Sistemas de Alta Eficiencia y Baja Emisión (High Efficiency Low Emission o HELE por sus siglas en inglés), esta tecnología permite que el carbón sea quemado a temperaturas y presiones extremadamente altas. Debido a que los sistemas HELE queman menos carbón para generar la misma producción de energía que los diseños antiguos, ellos también generan menos contaminación y reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

Hoy en día, Estados Unidos, y de hecho toda Norteamérica, tiene una sola planta ultra supercrítica de carbón, la John W. Turk Jr. de America Electric Power, construida por Boilermakers y otros oficios sindicales en Arkansas, la cual entró en funcionamiento a finales del 2012. Por el contrario, China contaba con 46 plantas al final del 2012 con pedidos de 100 más.

“La oportunidad de liderar el mundo en la tecnología ultra-supercrítica se nos ha pasado, y la ventana de oportunidad para liderar en CCUS pronto podría cerrarse.”

Los avances tecnológicos por parte de China y Japón, en particular, han conducido a esas naciones exportadoras de diseños avanzados de carbón, ampliando su influencia y poder económico.

La oportunidad de liderar el mundo en la tecnología ultra-supercrítica se nos ha pasado, y la ventana de oportunidad para liderar en CCUS pronto podría cerrarse si no permanecemos comprometidos con el resto del mundo, y si no invertimos sustancialmente más de nuestros recursos en esta área.

El acuerdo climático está lejos de ser perfecto

PARA SER CLAROS, el acuerdo climático tiene serias fallas. Por un lado, es voluntario y carece de un mecanismo de ejecución. Las casi 200 naciones participantes establecen sus propios objetivos para la reducción de emisión de CO2, las denominadas contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (intended nationally determined contributions o INDCs por sus siglas en inglés). Pero no hay penalidad por no cumplir con esos objetivos.

Además, las expectativas son más severas para los países desarrollados como Estados Unidos, Canadá y países europeos. El acuerdo asume que las naciones desarrolladas deben hacer mayores recortes y satisfacer sus contribuciones a nivel nacional más rápidamente, mientras que otras naciones tienen la latitud de continuar sus emisiones y permitir que sus tasas de emisión aumenten realmente por un período de tiempo antes de que se produzcan reducciones reales.

Por ejemplo, China (el emisor de CO2 más grande del mundo) ha dicho que necesita hasta el 2030 para alcanzar su pico de emisiones antes de que las emisiones empiecen a caer. Eso significa que la cantidad de CO2 que bombea a la atmósfera podría seguir aumentando durante los próximos 13 años. Por otro lado, Estados Unidos, durante la administración de Obama, se comprometió a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26 y 28 por ciento por debajo de su nivel en el 2005 para el 2025.

Por supuesto, que las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional de los Estados Unidos están ahora fuera de discusión con la decisión de Trump de abandonar el acuerdo climático de París, pero el tratamiento dispar de las economías desarrolladas frente a las en desarrollo ha sido un punto conflictivo.

Y finalmente, hay un debate sobre si el objetivo del acuerdo de limitar el aumento de temperatura a 2 °C (3.6 °F) por encima del nivel preindustrial es incluso factible.

Algunos críticos dicen que el impacto total de la reducción de carbono del acuerdo (incluso si cada nación alcanzó sus contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional) tendría un efecto casi imperceptible en el aumento de la temperatura mundial, mientras que costaría billones (algunos dicen que trillones) de dólares anualmente y dañaría las economías de las naciones que realizan esas inversiones.

El cambio climático requiere una respuesta global

A PESAR DE sus defectos, el acuerdo climático de París tiene una fuerza primaria que no puede ser ignorada. Centra la atención mundial en la realidad del cambio climático y guía al mundo hacia una solución. Si bien los objetivos de emisión colectiva del acuerdo son insuficientes para reducir materialmente los aumentos esperados de la temperatura, esos objetivos se contemplan como un punto de partida, con metas más agresivas previstas para el futuro.

Construir un consenso mundial sobre cualquier empresa es en sí un logro. Han pasado 25 años (que se remontan a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992) para alcanzar el acuerdo de París.

A raíz del anuncio de Trump de retirarse del acuerdo, los gobernadores de California, Washington y Nueva York establecieron la Alianza del Clima de los Estados Unidos para seguir participando, y al menos otros nueve estados se han comprometido a seguir participando. Los alcaldes de unas 300 ciudades de los Estados Unidos han adoptado el acuerdo de París desde la retirada de Trump.

Muchas corporaciones estadounidenses también apoyan la participación continua y han instado a Trump a permanecer en el acuerdo. Las empresas temen que la ausencia de los Estados Unidos podría conducir a un retroceso del resto del mundo, incluyendo posibles boicots o aranceles comerciales relacionados con el carbono.

Los líderes mundiales han condenado enérgicamente la decisión de Trump de abandonar el acuerdo, y el ex secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo: “Creo que el presidente Trump está en el lado equivocado de la historia”.

El presidente Trump debe tomar el mando sobre CCUS

LAS MUY PUBLICITADAS habilidades para la toma de decisiones de Trump no serán de mucho valor si la nación no tiene voz en el acuerdo de París. Debemos volver a comprometernos con las otras naciones del mundo. Si el acuerdo es imperfecto (y lo es) debemos ayudar a cambiarlo. No podemos hacerlo solos y no podemos arriesgarnos a poner a nuestras industrias en desventaja si otras naciones reaccionan ante nuestra ausencia con barreras comerciales.

La respuesta no es el aislamiento; es una participación firme y positiva que proteja los intereses de los Estados Unidos mientras ayuda a avanzar las tecnologías CCUS. El mundo está muy lejos de terminar con su dependencia de los combustibles fósiles. Necesitaremos el CCUS para restringir el carbono y convertirlo en productos valiosos en lugar de liberarlo en la atmósfera. Cuanto más rápido lleguemos, mejor para el clima. Será necesario frenar el CO2 de las centrales eléctricas de gas, así como de las centrales eléctricas de carbón, y de industrias de uso intensivo de energía, como la de fabricación de cemento, fundición de aluminio, refinación de petróleo y fabricación de acero.

El cambio climático es un desafío mundial. Esto exige una respuesta mundial y debemos tomar el mando.

El presidente Trump debe restablecer el liderazgo de los Estados Unidos en este esfuerzo mundial de inmediato, participando nuevamente en el acuerdo climático de París.

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